Arturo Martínez Ruiz, nacido el 10 de Octubre de 1938, en plena guerra civil, es mi padre. Casado con tres hijos, dos de su matrimonio (Arturo y Alfredo) y yo. Esta entrada la vengo retrasando como signo de protesta desde que empecé con este blog, un "me enfado y no respiro" versión on line. Pero algún día tenía que tocar, porque después de todo un padre es un padre, y hay cosas que no se pueden cambiar. Cuando yo nací mi padre me regaló una medalla con el símbolo de libra por un lado y por el otro las iniciales AMS, finalmente esas no fueron mis iniciales (cosas de mi madre), pero la medalla la llevo siempre al cuello.
Esta parte de mi vida normalmente le suena extraña a la gente, esto se manifiesta en dos actitudes: o no te sacan el tema o te preguntan más de lo normal por ello. Yo es que con el tema de la normalidad-anormalidad soy bastante escéptica, para mi la normalidad no pasa de ser una distribución estadística (la famosa campana de Gauss), y lo que determina que uno se quede fuera de la muestra es el número de desviaciones típicas respecto a la media que tomemos, como esto último es siempre una decisión personal del de turno tenemos un problema parecido al de "cuantos granos forman un montón". Como jurista yo normalmente adopto un parámetro para mi muy fiable: si una situación está regulada por el derecho muy rara no puede ser. Y como el tema de los hijos habidos fuera del matrimonio es más viejo que el propio Derecho (para bien o para mal siempre se ha regulado), llego a la conclusión que soy tan distinta como el resto de las personas.
Dicho esto me pongo con el tema.
Como todos sabéis mi padre nunca vivió con nosotras, pero eso no fue obstáculo para que jugase su propio papel en mi vida. Durante mi niñez mi padre venía con frecuencia a verme, para mi era un día especial, ya que me venía a buscar al cole, después de la clase de judo (que él pronunciaba tal cual judo y no "yudo") y nos íbamos a hacer cosas distintas a las de la rutina diaria. La que decidía lo que se hacía ese día normalmente era yo, como no, así que según fui creciendo el plan cambiaba. Al principio lo primero que hacíamos era pasar por el burguer king (más tarde me cambié a la pizza) de al lado del cole y me compraba un menú infantil, que luego nos sentábamos a tomar en un bar "de verdad". En muchas ocasiones, menú burguer o pizza en mano, íbamos a buscar a mi madre al trabajo y nos tomábamos algo los tres juntos hablando, sobre todo, de mi. Cuando fui creciendo y me empezaron a gustar Brad Pitt y Leonardo di Caprio el plan cambió, y entonces íbamos al cine a ver pelis como "Entrevista con un vampiro", jajajaja, la cantidad de pelis de estos dos que se tuvo que tragar por mi.

En otras ocasiones en vez de venir a buscarme al cole venía con más tiempo en fin de semana. Entonces el mejor plan que podíamos tener era irnos al campo, a mi padre siempre le ha encantado el campo, si no teníamos mucho tiempo nos íbamos a la casa de campo, pero no la parte que todo el mundo conoce, sino en su parte más profunda donde existe un auténtico bosque con sus especies de árboles, ardillas y pájaros, a mi padre le gustaba adivinar la especie de pájaro por sus cantos, nos dábamos una buena caminata disfrutando del paseo, mi padre con su garrota que llevaba siempre en el coche.
Cuando teníamos más tiempo entonces nos hacíamos una pequeña excursión, a algún bonito pueblo, y comíamos por allí y pasábamos la tarde entera. A mi me gustaba mucho ir en coche con mi padre, le decía que pusiera música "moderna" (ni yo se muy bien a que me refería con eso) porque él siempre iba con música clásica, y yo le decía que condujese hasta que viésemos un bonito campo donde pasear, la verdad es que yo supongo que él tenía muy claro donde íbamos pero para mi era como una pequeña aventura hacia algún paraje desconocido (jajaja, lo que hace la mentalidad de un niño).

También yo le insistía mucho para que me llevase a un museo "de ciencias naturales", porque yo de pequeña parecía que me iba a ir por ciencias y hacía esas peticiones algo raras para un niño, yo supongo me esperaba encontrar el típico museo de película con un esqueleto de diplodocus en el hall, nunca vi dicho esqueleto ni el de ningún otro, pero si que un día conseguí que fuesemos a uno en el que había un montón de mini experimentos científicos para niños que a mi me encantó, y fuimos también un montón de veces al zoo. Él me dijo en alguna ocasión del ir al Oceanografic de Valencia, pero esto al final no pudo ser, aunque todavía estoy con las ganas.
Mi padre es una persona muy inteligente y culta, con 57 o 58 años le dio por sacarse la carrera de Derecho, porque él había tenido siempre esa espinita de no haber estudiado, se la sacó (por supuesto) y ejerció durante un tiempo hasta su jubilación. Aunque sabía mucho de todo lo de enseñar hay que decir que no se le daba tan bien, por falta de paciencia supongo, recuerdo un día que me intentó enseñar a jugar al ajedrez y acabamos discutiendo. Tenía su carácter aunque yo no lo sufrí mucho, quizá porque no convivíamos, las pocas veces que se lo vi sacar fue cuando me intentaba enseñar algo (hay que decir que yo también soy muy cabezota como él). Discutir con él era complicado, porque tiene una gran capacidad de argumentación que a uno le cuesta seguir y rebatirle costaba bastante.
También tengo que destacar un peculiar sentido del humor, le gustaba hacerse el distraido, por ejemplo un día estábamos en el Decathlon para comprarme ropa para montar a caballo, mi madre y yo estábamos consultando al dependiente y mi padre (como si no fuese con nosotras) andaba perdido por la tienda, hasta que se acercó (el dependiente no sabía que estaba con nosotras) para preguntar que dónde estaba el caballo, eso si, muy serio, tan serio que el dependiente no se lo tomo a broma y le contestó muy educadamente que allí no tenían caballos mientras mi padre miraba la silla de montar como si tuviese que estar allí. Otro día volvió medio loco a un camarero porque en la carta ponían "croquetas de mi abuela" y mi padre, lógicamente, le pidió las croquetas de su abuela, el camarero le corregía, y entonces él lo repetía y que si tu abuela que si la mía se tiraron un buen rato, ¡es que mira que tomarle en serio!
De mi padre aprendí muchas cosas, sobre todo a argumentar, a no dar por sentadas las cosas evidentes, a ver las cosas desde muchas perspectivas. Era muy exigente, aunque este punto se vio bastante neutralizado por mi madre, para él sacar buenas notas no era un mérito, es que era lo menos que tenía que hacer, supongo que le hubiera gustado que fuese ingeniero o algo parecido, cuando me matriculé en la doble licenciatura me picaba diciendo que iba a entrar en la élite capitalista, jajaja, que cosas.
Cuando me regalaba cosas siempre eran útiles, no recuerdo que me regalase ningún juguete, pero sí una máquina de escribir eléctrica o un microscopio muy bueno.
Sus principales aficiones eran el ajedrez y el billar, también le gustaba pintar pájaros (bueno, yo sólo vi cuadros de pájaros, lo mismo también pintó otras cosas) y me pasó sus pinturas cuando yo comencé a pintar al óleo, también le gustaba, como ya he dicho, el campo, la música clásica y la zarzuela (muchas veces la cantaba y bastante bien).
Era muy guerrero, aunque no para todo, sí para algunas cosas, como en política (fue concejal del PSOE) y en el sindicato UGT (creo que llegó a denunciar a Nicolás Redondo), en la universidad volvía locos a los profesores con ciertas cuestiones, y cuando ejerció de abogado llegó a llamar a una jueza "inepta" (imaginaos el cabreo de la misma), en todas estas cuestiones seguramente llevaba la razón en el fondo, y también seguramente no la llevó en las formas.
Hace ya más de dos años que no hablo de él, no le he podido contar que he acabado la carrera, no fue a mis graduaciones, tampoco le he podido contar que estoy opositando, ni le he podido hablar de Ángel, entre otras cosas. No se la razón. Pero sí se por Arturo (mi hermano) que está bien, una preocupación menos. Diría que cuando vuelva a verle o a hablar con él le echaré la bronca del siglo, seguramente no sea así, porque uno cuando piensa mucho en lo que diría al final termina no diciéndolo. El otro día me dijo Maite (mi cuñada, la mujer de Arturo) que todo esto tiene algo muy positivo, y es que ha sido lo que me dio el empuje para llamar a Arturo, y conocerle a él, a Maite y a mi sobrino Sergio. Es la demostración de que todo lo malo tiene algo bueno.
Con esto ya me despido, aquí os dejo un poquito más de mi que espero que os guste, besos y abrazos a todos, y si por casualidad mi padre lee esto decirle que aquí sigo y que un beso muy grande.
1 comentario:
Estaba esperando esta entrada, ahora comprendo ya he visto porqué se retrasaba.... y es natural....
Yo también disfruté de algunas de esas excursiones al campo con tu padre, cuando tenía 15 o 16 años y me iba el fin de semana a Madrid para verte ¿recuerdas?.
Para mí aquella situación no era extraña, era distinta a la mía, como era mi tía "la moderna" era como si no pudiese ser de otra manera y ya está... Recuerdo una vez que fuimos a no sé dónde, y montamos en telesférico, y tú eras muy pequeña, tía Mimi te envolvió en una mantita (que juraría era de cuadros) y ¡hala! allí nos montamos los cuatro... ¡qué frio hacía! y yo sólo pensaba... Alejandra se escurre de la manta y se cae, ya verás! pase miedo... será por eso que me acuerdo.
Espero que la relación con tu padre vuelva a la "normalidad", ¡no sabe lo que se está perdiendo!!!
Besazos
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